Es imposible luchar contra la esencia de las cosas. Los bits fueron creados para ser copiados, está en su naturaleza multiplicarse sin casi esfuerzo y permanecer idénticos. No tienen un lugar en el espacio sino que son electricidad misma. No se desgastan con el tiempo ni podemos decir tajantemente que “son nuestros”. Cualquiera que ha perdido fotos que no tenía impresas al romperse algún dispositivo de “almacenamiento” sabe de lo que hablo.
Supongamos este escenario: soy un autor de algún tipo de texto, entonces publico esos textos en mi sitio web. Pero quiero hacer negocio con los textos de mi autoría (es decir, lo escribo una vez y luego cobro indefinidamente por ello; pero ese es otro debate) entonces lo que voy a montar es un sistema de cobro para que accedas al contenido. Perfecto, algún artículo te interesa, entonces pagás y lo leés. Ahora, toda esta cuestión tiene un trasfondo tecnológico que, analizado, hasta toca la filosofía: al haber abonado y accedido al contenido, YA TENÉS UNA COPIA EN TU COMPUTADORA. La información viajó por un cable y llegó a tu computadora, donde fue copiada para que puedas leerla (eso es Internet).
¿Qué debo hacer? ¿Ir a tu casa y romperte la computadora porque te has copiado mi trabajo? ¿Poner un dispositivo en la computadora para que se borre todo automáticamente –y entonces la gente empezará a “chipearlas”?
No tiene sentido esta discusión. Evidentemente es una lucha que intentan personas con dos características:
- Desean sostener un modelo de negocio que no es más viable en este mundo
- No entienden la naturaleza misma de la tecnología.
Muchachos: ¡a cambiar la forma en la que ganan su dinero!
La industria discográfica y otras industrias relacionadas con este asunto deben comprender que no se puede limitar la “copiabilidad” de la tecnología actual. La tecnología es así. Es como tapar el sol con la mano. Deben inventar algún otro tipo de valor agregado para su producto ya que el soporte ha mutado en esencia.
Cuando el soporte de una obra fue el libro impreso o el disco de vinilo, o lo que fuera, el modelo de propiedad intelectual sí fue fácil de controlar. La naturaleza física de ese objeto genera el tipo de industria y negocio que hemos utilizado hasta hace dos décadas. Ésto es lo que ha cambiado y no puede volverse atrás. Y creo que estamos entrando en una era revolucionaria.
El periodismo de los medios de comunicación masiva cuenta con una herramienta muy útil: la generalización. Mediante la repetición al infinito son capaces de producir generalizaciones totalmente contrarias a la lógica. Por ejemplo, mostrándonos todos los días noticias sobre “cuánto filosofan” los griegos pueden construir la idea de que todos los griegos son filósofos. Esta idea, que se induce de los hechos en vez de deducirse, es además totalmente falaz. Esto lo puede saber cualquiera que haya sido mínimamente letrado en lógica, en retórica o en argumentación, que haya sido “avivado” como diría Jauretche. Visto así es totalmente obvia la falacia (mucha filosofía proviene de Grecia, por ende, todos los griegos son filósofos), pero pensemos, por ejemplo, en la mención constante que se hace de las “villas” y la delincuencia. ¿No llegamos acaso a creer que todos los habitantes de las “villas” son delincuentes? Y me podrán decir que las probabilidades de ser asaltado en las inmediaciones de una de estas “villas” comparado con un barrio “común” es infinitamente mucho más alta, y probablemente tengan razón, pero ¿no es ese otro argumento generalizador, forzado y falaz sobre el mismo asunto? No pretendo hablar de los hechos mismos sino de esta otra “realidad” que se construye a partir de aquellos hechos.