En los últimos días surgió en Argentina toda una movida a favor y en contra de las estatizaciones.
Los medios de comunicación (los opositores, ¿o tal vez “desestabilizadores”? Bueno, me quedo con “interesados”) le dieron muuuucha manija al tema de las estatizaciones en Venezuela. Supuestamente, si el gobierno oficialista continúa en el poder vamos a tener una situación parecida, en la cual todo va a estar producido o mediado por el Estado. Vamos a consumir gaseosa cola del Estado, comprar en el supermercado del Estado y andar en autos del Estado. Además, los teléfonos van a ser del Estado y las autopistas también. El espacio radioeléctrico va a ser del Estado y también el Estado va a controlar el espacio aéreo y marítimo… ah, no, eso todavía es del Estado.
Yo entiendo que la gente tenga miedo de que nos convirtamos en otra Cuba. Entiendo que el pueblo (ahora los opositores están hablando mucho del pueblo, ¿vieron?) quiera elegir si compra Samsung o Hitachi, Coca o Pepsi, o si quiere ver el noticiero del 2 ó del 13, porque eso es la libertad, ¿no?. No vaya a ser que el Estado nos obligue a comer fideos Matarazzo cuando a mí me gusta elegir los Don Vicente. Pero dejemos esa discusión ahí, porque es otra.
Hace un tiempo escribí un post sobre el extremismo de los políticos. A medida que se acercan las elecciones (y en esa época estábamos lejos de alguna) este extremismo es cada vez peor. Me asusta un poco que la gente no se lo vaya a creer. No digo que me vea en el deber de explicar y hacer entrar en razones, pero fíjense un poco: tenemos políticos diciendo que debe defenderse el interés privado de las grandes corporaciones. Esas corporaciones son las que buscan la máxima ganancia. Como escuché decir una vez, una definición del capitalismo es “más”. Más para la corporación, y adivinen ¿a costas de quién? ¡De todos nosotros!
Ojo, atentos: hay personas que quieren un estado mínimo, sin control, vía libre para el capitalismo. Estamos volviendo al discurso de los 90 y ya sabemos cómo funciona eso (echar un vistazo a Estados Unidos). Los teléfonos andaban mal cuando los manejaba el Estado, por eso creamos un monopolio que hace con los usuarios lo que quiere. Y siempre quiere “más”. Vamos por una ley antimonopólica y nos tiran con toda serie de argumentos tontos (la ley de “radiodifusión”, ley de medios)… “que nadie te diga lo que tenés que ver” publicitan incesantemente. ¡Y qué nadie me controle lo que tengo que cobrar! ¿¿¿No???
Y fijate qué: las personas que quieren este estado mínimo… ¡son empresarios devenidos en políticos! Díganme si hace falta algo más como para que quede claro. ¡Échele agua!
Bueno, me está quedando un poco extensa la reflexión. Una última cosa: como hay mucha inseguridad, y la culpa es de la policía, vamos a privatizarla. Eso sí, vamos a tener que aumentar los impuestos o directamente mandarles una factura a su casa por este servicio. Yo sé que había prometido no aumentar los impuestos, pero bueno, las campañas son así, ahora ya estoy acá.
Estos son mis ideales, y si no le gustan… tengo otros (G. Marx -no confundir con Karl).