Vivimos en una época de la historia de la música en la que la moneda corriente es la “vuelta” de bandas de años anteriores. ¡Y me animo a decirlo en ese tono teórico!
Soda, los Police, Génesis, y tantos más. Los Doors hace unos años. Vuelven y llenan inmensos estadios, tocando los mismos temas de hace diez o más años, justamente, porque eso es lo que sus fans quieren oir. Y yo también, no me excluyo.
Creo que la vuelta no es casual. No es sólo que se “quedaron sin plata”, entonces vuelven y hacen unos millones y “tiran diez años más”. La vuelta de la gente a los estadios para volver a verlos no es casual. Simplemente responden a una demanda.
Los noventa no existieron musicalmente. Fueron un vacío. Bandas y músicos inventados por las compañías para vender, alimentar al consumo y a la adolescencia. Ese vacío lo vemos ahora, cuando no nos queda otra que remontarnos diez años más atrás para encontrar algo que nos guste más, que nos “llame” más, algo que realmente nos de ganas de saltar, previo pago de las astronómicas entradas que nos parecen justificadas por la ocasión.
Obviamente estoy siendo extremista adrede.